From survival to service: Chris McFarland brings his personal experience to the Benton County ACT team

Chris McFarland’s path to public service was shaped by hardship, resilience and a deep understanding of what it means to live on the margins.
Today, McFarland is a certified alcohol and drug counselor I and qualified mental health professional with the Benton County Health Department, Behavioral Health Division. He serves on the Assertive Community Treatment team, providing intensive, community-based behavioral health and substance use disorder services to individuals with serious mental illness—many of whom are experiencing homelessness and repeated contact with crisis and emergency systems.
The work is demanding and deeply personal. For McFarland, it hits close to home.
Clients allow ACT team members into the most vulnerable parts of their lives, McFarland said, sharing fears, losses and hopes that are often hidden from the rest of the world. He said one of the things he is most proud of is when clients tell him they finally feel heard, respected and treated like a person, not a diagnosis or a case file. Hearing that, he said, is a reminder that showing up consistently and leading with empathy are what truly matters.
McFarland joined the U.S. Army in 1986 as a “homeless 17-year-old high school dropout”, hoping to find direction and stability. With limited options, he served as a light infantry soldier with the 1st Battalion, 87th Infantry Regiment, 10th Mountain Division. He completed basic and advanced infantry training at Fort Benning, Georgia, and was stationed at Fort Drum, New York which is known for some of the Army’s toughest training conditions.
McFarland said it left a lasting impact.
“The military taught me how far I can push myself, physically and mentally,” he said. “It taught me discipline, how to focus, how to take care of the person next to you, and that ‘no’ or ‘I can’t’ isn’t an option when something needs to get done.”
After leaving the Army, McFarland’s life took a difficult turn. He spent more than a decade cycling through homelessness, substance use, incarceration and violence, ultimately serving time in prison from 1997 to 2000. Those experiences, he said, now inform how he approaches his work on the ACT team.
“I’ve lived the chaos that many of our clients are living,” he said. “I know what it’s like to be stigmatized, discarded and forgotten. Those experiences didn’t break me—they shaped me.”
McFarland initially pursued a degree in psychology, later shifting to public health, believing he did not want to work as a counselor. That changed during an internship at a residential drug and alcohol treatment facility for adolescents.
“That experience changed everything,” he said.
“I realized I didn’t just enjoy counseling. I was good at it. More importantly, I realized I could use my lived experience to support people who felt invisible.”
chris mcfarland, benton county health department
On the ACT team, McFarland works where clients are, be that in shelters, on the street, in hospitals or navigating court and crisis systems. The model emphasizes relationship-based care, harm reduction and long-term engagement.
Meghan Carlson, a qualified mental health professional with the ACT team, said McFarland’s lived experience and openness about his journey have had a lasting impact not only on clients, but on the team itself.
“Chris’s willingness to share his lived experience with us as clinicians has really changed how many of us approach client care,” Carlson said. “He has helped reshape how our ACT team functions, and in my 12 years working with this team, I can honestly say it’s been for the better.”
That impact is reflected in how he works with clients day to day.
“Chris meets people exactly where they are,” said Carlson. “He listens without judgment, shows up consistently and never loses sight of the person behind the diagnosis.”
County Administrator Rachel McEneny, who has spent time in the field observing McFarland as he worked directly with clients, said his approach reflects the values Benton County strives to uphold.
“Spending the day riding along with Chris and his colleagues in the field was a powerful and important experience for me as county administrator,” said McEneny. “Their work takes them everywhere from the correctional facility to city parks, the hospital and the Corvallis Daytime Drop-In Center. The experience underscored the difficulty and complexity of the roles Chris has to juggle. It requires unique skills, compassion and understanding.”
McFarland said working for Benton County feels like a culmination of everything his life has taught him.
“After living so many years in survival mode, being able to serve my community and help people find stability and dignity is incredibly meaningful,” he said. “This work feeds my soul. I honestly believe this is exactly where I’m supposed to be.”
Español
De la supervivencia al servicio: Chris McFarland aporta su experiencia personal al equipo ACT del Condado de Benton

La trayectoria de Chris McFarland en el servicio público ha estado marcada por las dificultades, la resiliencia y una profunda comprensión de lo que significa vivir al margen de la sociedad.
Actualmente, McFarland es profesional de salud mental y consejero certificado en alcoholismo y drogadicción de nivel I en la División de Salud Mental del Departamento de Salud del Condado de Benton. Forma parte del equipo de Tratamiento Asertivo Comunitario (ACT por sus siglas en inglés), que brinda servicios intensivos de salud mental y tratamiento de trastornos por consumo de sustancias en la comunidad a personas con enfermedades mentales graves, muchas de las cuales se encuentran sin hogar y tienen contacto frecuente con los sistemas de crisis y emergencia.
El trabajo es exigente y profundamente personal. Para McFarland, definitivamente es algo personal.
Los clientes permiten que los miembros del equipo de ACT conozcan los aspectos más vulnerables de sus vidas, explicó McFarland, compartiendo miedos, pérdidas y esperanzas que a menudo ocultan al resto del mundo. Dijo que una de las cosas que más le enorgullecen es cuando los clientes le dicen que por fin se sienten escuchados, respetados y tratados como personas, no como un diagnóstico o un expediente. Escuchar eso le recuerda que estar presente de forma constante y actuar con empatía es lo que realmente importa para él.
McFarland se enlistó al Ejército de los Estados Unidos en 1986, cuando era “un joven de 17 años sin hogar que había abandonado la escuela preparatoria”, con la esperanza de encontrar rumbo y estabilidad. Con pocas opciones, sirvió como soldado de infantería ligera en el 1er Batallón del 87º Regimiento de Infantería, de la 10ª División de Montaña. Completó el entrenamiento básico y avanzado de infantería en Fort Benning, Georgia y fue destinado a Fort Drum en Nueva York, un lugar conocido por tener algunas de las condiciones de entrenamiento más exigentes del Ejército.
McFarland dijo que esta experiencia le dejó una huella imborrable.
“El ejército me enseñó hasta dónde puedo llegar, física y mentalmente”, dijo. “Me enseñó disciplina, a concentrarme, a cuidar de la persona que está a mi lado y que ‘no’ o ‘no puedo’ no son opciones cuando hay que hacer algo”.
Después de dejar el ejército, la vida de McFarland enfrentó una etapa difícil de su vida. Pasó más de una década por períodos de falta de vivienda, consumo de sustancias, encarcelamiento y violencia y finalmente cumplió condena en prisión de 1997 a 2000. Esas experiencias ahora influyen en la manera en que hace su trabajo en el equipo ACT.
“He vivido el caos que viven muchos de nuestros clientes”, dijo McFarland. “Sé lo que se siente el ser estigmatizado, marginado y olvidado. Esas experiencias no me destruyeron, me moldearon”.
Inicialmente, McFarland estudió psicología, pero luego se cambió a salud pública, creyendo que no quería trabajar como consejero. Eso cambió cuando trabajó como pasante estudiantil en un centro residencial de tratamiento de drogas y alcohol para adolescentes.
“Esa experiencia lo cambió todo”, dijo.
“Me di cuenta de que no solo disfrutaba de la consejería, sino que era bueno en ello. Y lo que es más importante, me di cuenta de que podía usar mi experiencia para apoyar a personas que se sentían invisibles”.
chris mcfarland, departamento de salud del condado de benton
En el equipo ACT, McFarland trabaja donde se encuentran los clientes, ya sea en refugios, en la calle, en hospitales o navegando por los sistemas judiciales y de atención de crisis. El modelo enfatiza la atención basada en las relaciones, la reducción de riesgos y el compromiso a largo plazo.
Meghan Carlson, profesional de salud mental cualificada del equipo ACT, afirmó que la experiencia personal de McFarland y su franqueza al compartir su historia han tenido un impacto duradero no solo en los clientes, sino también en el propio equipo.
“La disposición de Chris a compartir su experiencia personal con nosotros, los profesionales clínicos, ha cambiado la forma en que muchos de nosotros manejamos la atención al cliente”, dijo Carlson. “Ha contribuido a transformar el funcionamiento de nuestro equipo ACT y en mis 12 años trabajando con este equipo, puedo decir con toda sinceridad que ha sido para mejorar”.
Ese impacto se refleja en la forma en que trabaja con los clientes a diario.
“Chris se relaciona con las personas tal como son”, dijo Carlson. “Escucha sin juzgar, está presente de forma constante y nunca pierde de vista a la persona que hay detrás del diagnóstico”.
La Administradora del Condado, Rachel McEneny, quien ha pasado tiempo en el campo observando a McFarland mientras trabajaba directamente con los clientes, dijo que su enfoque refleja los valores que el Condado de Benton se esfuerza por mantener.
“Pasar el día acompañando a Chris y sus colegas en el campo fue una experiencia poderosa e importante para mí como Administradora del Condado”, dijo McEneny. “Su trabajo los lleva a todas partes, desde la cárcel hasta los parques de la ciudad, el hospital y el Corvallis Daytime Drop-In Center. La experiencia reveló la dificultad y la complejidad de las funciones que Chris debe desempeñar. Se necesitan habilidades únicas, compasión y comprensión”.
McFarland dijo que trabajar para el Condado de Benton se siente como la culminación de todo lo que la vida le ha enseñado.
“Después de vivir tantos años en modo de supervivencia, poder servir a mi comunidad y ayudar a las personas a encontrar estabilidad y dignidad es increíblemente significativo”, dijo. “Este trabajo alimenta mi alma. Sinceramente, creo que este es exactamente el lugar donde debo estar”.